Una pandemia ha puesto la sociedad y sus distintos elemento patas arriba. Entre ellas el decisivo sector de la educación.
No es para menos, hablando de patas arriba los docentes nos hemos llevado las manos a la cabeza cuando se nos exigió desde las consejerías de educación de las diferentes CC.AA que a partir de ese momento haríamos teletrabajo. Y claro, estando todo el currículo lleno de estándares relacionados con la TIC (tecnologías de la información y la comunicación) y teniendo entre las competencias clave la destacable Competencia Digital (CD) esto no tendría por qué ser nada traumático. Pero lo fue y las instituciones tuvieron que abrir páginas con recursos, plataformas, tutoriales, cursos y un largo etcétera de estrategias para que los docentes pudiésemos llevara a cabo nuestro trabajo.
Un momento oportuno entonces para llevar a cabo la reflexión y la autocrítica. ¿Realmente estábamos combinando bien el método analógico con el tecnológico? ¿Puede llegar la tecnología a sustituir el método tradicional de impartir docencia? En mi humilde opinión no y no. No podemos esperar a que vengan los problemas para que nuestros centros tengan acceso a plataformas a través de las cuales compartir material o enviar tareas como tampoco podemos fingir que los medios informáticos nos hacen las tareas más fáciles porque en muchas ocasiones no es así.
La tarea del docente no es meter en la cabeza del estudiante X contenidos a través de clases a través del Meet como lo hacemos, a veces sin querer, en nuestras clases que se asemejan con frecuencia más al modelo universitario de clase magistral que a un centro de enseñanza secundaria. Nuestra obligación consiste en crear (que bonito ¿no? tenemos un trabajo creativo) materiales variados y ajustados a las particularidades del alumnado para fomentar su autonomía, reforzar su disciplina y ayudarle a expresarse tanto emocional como intelectualmente. Y no por ello debemos dejar los contenidos de lado, como profesora de filosofía, una disciplina que se pone en marcha solo a través de su propia historia y de la progresión dialéctica de sus aparatos conceptuales, soy perfectamente consciente de la importancia de los mismos aunque creo que hay mejores maneras de impartirlos que la exposición y el examen: anécdotas, vídeos, investigación, kahoot... ¿Realmente necesitamos que todo el alumnado controle los conceptos de pistis, eikasía, nous, dianoia? ¿o será suficiente con que entiendan en qué consiste la teoría de las ideas?
Otra de las cuestiones que se han puesto sobre la mesa ante la situación de alarma que vivimos hoy en día es la brecha digital. ¿De verdad sólo existe la brecha digital? ¿Es importante ahora pero no lo era antes? ¿Qué hay de la brecha emocional de los niños y niñas con padres que no les proporcionan afecto? ¿Y la brecha cultural que siempre estuvo ahí con alumnos o alumnas que tienen dificultades con el idioma, por ejemplo? ¿Y la brecha entre profesor y estudiante? ¿Somos capaces de crear una relación afectiva con nuestros estudiantes de forma que se sientan seguros y seguras para participar en clase o para confiarnos si tienen algún tipo de problema o dificultad?
Esa es otra ¿dónde queda la educación en valores fuera de asignaturas como Valores Éticos? ¿Hablamos lo suficiente de lo que es una relación sana y una relación tóxica? ¿Fomentamos suficientemente el respeto hacia la diferencia de opiniones y el valor del diálogo? ¿Les dejamos suficientemente claro que pueden pertenecer a un movimiento y seguir teniendo opinión propia? ¿Cómo ser críticos dentro de un grupo con una ideología marcada? ¿Hablamos suficientemente de racismo aunque a los blancos nos incomode?
Esta entrada de blog contiene en su mayoría preguntas porque si algo sabe la filosofía es del valor de la pregunta y de la pobreza de una única respuesta. Decían muchos de mis alumnos y alumnas en unas reflexiones que les pedí como tarea que el aburrimiento es útil para reflexionar, no les falta razón. Quizás los profesores tengamos que aprovechar la cuarentena, ponernos a nosotros mismos una tarea, detenernos y analizar cómo podemos mejorar nuestra calidad como docentes. Yo he empezado y animo a que otros lo hagan ya que esta es la única forma de disfrutar de la profesión. Te darás cuenta de que te gusta ser docente porque no paras de aprender.


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